Messenger en menores, y la necesidad de la tutela familiar
No son pocas las veces que, al hilo de alguna noticia macabra o de crónica negra, los medios de comunicación ponen el foco de luz sobre el mundo del chat y de la mensajería instantánea. En ocasiones, parece bastar con que el supuesto asesino o víctima tenga un ordenador personal para achacar todos los males o todo lo sucedido con el mundo online.
Esta tendencia se agrava más todavía si en algún suceso está involucrado un menor, es entonces cuando la crítica hacia el Messenger y este tipo de formas de comunicación se convierte en algo ya cercano al linchamiento público. Por ello, es conveniente recordar que en cuestiones de "herramientas", en cuestiones de programas, nada es "bueno o malo" por naturaleza.
Hemos visto, a lo largo y ancho de diversos artículos aquí publicados, como el Messenger mejora el rendimiento laboral, ayuda a la cercanía de familias, ha solucionado un gran número de situaciones peligrosas y sirve, en general, como herramienta válida y útil en miles de aplicaciones.
¿Significa esto que el Messenger y este tipo de programas son "buenos"? Evidentemente un coche puede servir para trasladarnos de un lado a otro o para destruir el mobiliario urbano, por ejemplo. Aplicado al mundo de la informática y centrándolo en el Messenger, parece evidente la necesidad de controlar, sobre todo en el caso del menor, el uso y la aplicación que se hace de esta herramienta de comunicación.
Es sencillo descargar responsabilidades y permitir que en cada suceso haya algún tipo de relación con el Messenger o el uso de Internet, pero es mucho más útil concienciar a la sociedad, a los padres en concreto, de la necesidad de tutelar, controlar y educar a los menores en el uso de este tipo de herramientas que, por definición, tienen muchas más ventajas y recomendaciones positivas que inconvenientes.

